Nadie puede quedar indiferente ante las altísimas tasas de embarazo adolescente en nuestro país. La desinformación, la erotización de la sociedad, las dificultades en el acceso a métodos de anticoncepción regulares y la brecha de desigualdad social son factores que terminan afectando siempre en mayor medida a los más pobres.

No es extraño encontrar a más de una madre, o joven embarazada, en una sala de clases de la educación media en los sectores medios y bajos. El impacto negativo que tienen estos embarazos sobre las expectativas y proyecciones de futuro de muchachas que aún son adolescentes es algo que debe preocuparnos, sobre todo en el caso de aquellas jóvenes forzadas a descontinuar sus estudios o iniciarse en el mercado laboral para mantener a su hijo o hija.

Y no sólo en las adolescentes hallamos cifras elevadas de embarazos no deseados: la realidad se repite, con altos y bajos, en todos los estratos socioeconómicos y rangos etarios de la población en edad fértil. Por lo que una política destinada a enfrentar esta dura realidad se hace prioritaria en un país que pretende garantizar una calidad de vida mínima a cada uno de sus niños y niñas.

Por otra parte, tenemos que los conceptos de derechos sexuales y reproductivos están cobrando cada vez más fuerza en nuestro país. Las mujeres, históricamente postergadas a los quehaceres domésticos y el cuidado de los hijos, tienen hoy completa libertad para decidir sobre su sexualidad. Así también, todos los ciudadanos de Chile y el mundo deberían poder decidir cuándo tener hijos, con quién tenerlos, y en qué cantidad.

La realidad chilena actual dista mucho de lo que son los ideales en esta materia. Se hace urgente que el Estado de Chile se haga cargo de esta realidad y dé opciones a todos sus ciudadanos para que estos decidan de acuerdo con sus propios valores y principios.

En ese sentido, resulta más que justificable la política de entregar gratuitamente en consultorios públicos la Anticoncepción Hormonal de Emergencia a las mujeres que lo necesiten. Se hace imperativo acudir en auxilio de los más menesterosos en cuanto a regulación de fertilidad, y esta política es un paso en la senda que Chile debe seguir.