Veamos: una persona cualquiera está recostada en su cama mientras mira las noticias de la noche. Se habla de la última medida del gobierno para disminuir los embarazos adolescentes: entregar la Pildora del día después (AHE) en consultorios. Inmediatamente después vemos a un médico de alguna universidad ligada al conservadurismo diciendo que la píldora podría ser abortiva. El periodista no advierte que el médico tiene una visión sesgada puesto que ha expresado públicamente su desprecio por los anticonceptivos, por dar un ejemplo. Enseguida podemos oír a parlamentarios y alcaldes criticando duramente la medida y hablando en tecnicismos incomprensibles para la mayoría de la población. Por supuesto, el tiempo que dan a los defensores de la medida es siempre menor, y sus palabras en pantalla tienen que ver con la realidad que motiva la medida, mas casi nunca con los argumentos científicos y legales de que se dispone para avalarla.

Al otro día, el mismo ciudadano compra un diario y lo lee en las páginas de opinión. Aparece un artículo de otro médico ligado al conservadurismo diciendo que “está demostrado que la píldora es abortiva”. La evidencia que cita en su texto es la tasa de efectividad respecto al día de la administración del fármaco, algo que el método científico nunca ha estimado como un dato a ser considerado como determinante por sí solo para arribar a una conclusión [1]. Si un experto o un ciudadano cualquiera lee indignado que en el diario se le dio tribuna a un “experto” para hablar con tecnicismos y confundir a la población con “evidencias” que no son tales, probablemente va a querer replicar la carta con otra. ¿Usted cree que se la van a publicar?

Probablemente sí, pero muchas veces no. Una de las claves para persuadir a la población mediante el control de los medios de comunicación social es, justamente, darle tribuna a ambas posturas, pero siempre teniendo una preferencia, una tendencia que no siempre es advertida por los lectores. Sobre todo en un país como el nuestro, con altísimas tasas de analfabetismo funcional (los chilenos no entienden lo que leen).

Entonces resulta que es fácil que la población se convenza de que la píldora es o podría ser abortiva, si es que no sabe leer, si es que no se dedica a informarse y estudiar un tema antes de emitir una opinión, si se conforma con lo que le entregan en bandeja los medios.

¿Y de quiénes son los medios en un país como Chile, donde la prensa independiente pende de un hilo, y donde la opinión pública en general es demasiado perezosa como para preocuparse de tener opinión propia? Baste recordar que el 80% de los diarios de tirada nacional y la abrumadora mayoría de los regionales están en manos de sectores conservadores, así como también 3 de los 4 principales canales de televisión abierta…

Una estrategia usada por los que buscan confundir consiste en hacerle creer al ciudadano que todo este “debate nacional” tendría su origen en el estatus que tendría el embrión no anidado. Lo que le hacen creer a las personas es lo siguiente, lea con atención: “los que defienden la píldora no consideran que cause un aborto porque ellos sólo consideran como aborto una interrupción del embarazo a partir de la anidación del embrión. Por ende, ellos llaman a la píldora como no abortiva porque ésta impide que el embrión se anide. No obstante, el embrión no anidado es un huevo ya fecundado, y es un ser humano. Según lo que históricamente se conoce, la píldora actúa causando un aborto, es una pastilla homicida”. [2]

Al comprender tal razonamiento, el ciudadano común se cree tener la película completa, cree que ya sabe todo lo que se debate entre los expertos. Pero la verdad es otra: todo este cuento que aparece más arriba es falso, ya que la píldora no actúa luego de que el huevo fue fecundado. Tanto para unos, como para otros, la AHE no es abortiva, ya que sólo actúa impidiendo la fecundación. NO puede dañar al embrión ni impedir que se implante. NO tiene efectos sobre el endometrio.

Lector, lectora, nuestra organización nació, justamente, porque nos sentimos con el deber de informar en medio de la campaña de desinformación que estamos viviendo. Abra los ojos.

[1] De hecho, este increíble argumento sí se ha utilizado, y por académicos universitarios. Una buena exposición de por qué “pruebas” como estas no tienen, en realidad, ningún sustento lógico, está disponible en la apelación y recurso de casación que presentó la Asociación Chilena de Protección de la Familia (APROFA) en la causa que pretendía paralizar la comercialización de la AHE bajo el nombre de Postinor-2 (rol n.° 5839-2002). El texto de este recurso está disponible en www.anticoncepciondeemergencia.cl.

[2] Un ejemplo de esta estrategia se halla en “El embrión, el aborto y la contracepción de emergencia” de Juan de Dios Vial Correa, aparecido en la revista Humanitas, n.° 23. El autor asegura que el debate se ha centrado en el estatus del embrión, lo que no deja de ser una mentira: la “duda” que supuestamente existe tiene que ver con el carácter antiimplantatorio que supuestamente tendría la AHE (comprobadamente inexistente).

Escrito por:
José Rafael Núñez Toso