Se trata de una percepción generalizada, y que se asocia, también, a las campañas de prevención del virus VIH/SIDA en la promoción del condón. Afirmar que la AHE incentiva la promiscuidad es parecido a decir que los medicamentos para el resfrío incentivarían el hecho de que la gente anduviera desabrigada en invierno.

El inicio cada vez más prematuro de las relaciones sexuales, y la promiscuidad (entendida ésta última como actividad sexual desenfrenada e irresponsable, o bien con muchas personas) no son causados por la disponibilidad de métodos anticonceptivos, sino por la secularización y la desmesurada erotización de la sociedad.

Aunque no resulta en un cien por ciento realista hacer una absoluta diferenciación entre ambos casos, para el efecto de este análisis separaremos a los jóvenes que llevan una vida sexual activa en dos grupos: el primer grupo lo conforman los jóvenes que madura, consciente y responsablemente deciden tener relaciones sexuales con alguien que aman, y utilizan métodos anticonceptivos para prevenir enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados; el segundo grupo es víctima de la excesiva erotización de la sociedad, no tiene acceso -ni muchas veces conocimiento- de los métodos anticonceptivos disponibles y tiene relaciones sexuales casi que por instinto. Esto último es lo que llamaríamos promiscuidad.

Como vemos -y es fácil constatarlo-, la promiscuidad y el sexo sin protección no tienen lugar porque habrá una “píldora mágica” que evitará los embarazos, sino por lo pornográfica que se ha tornado nuestra sociedad, y porque hay personas con graves desórdenes de autoestima y depresión. No vale echarle la culpa a una política sanitaria, eso es hacer demagogia, además del ridículo.